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Antes de la Conquista

Ilustración del Pintor Rodolfo Ramos
ILUSTRACION DEL PINTOR RODOLFO RAMOS


Los principales aborígenes que habitaban este territorio eran:

Nombres ¿Nómades o Sedentarios? ¿Dónde vivían? ¿A qué se dedicaban?
Calchaquíes Sedentarios Prov. de Salta, Jujuy y Tucumán
A la Agricultura, criaban llamas
Matacos Nómades Prov. de Formosa y Chaco A la recolección, cultivaban y tejían
Guaraníes Nómades Prov. de Misiones, Corrientes y Entre Ríos A cultivar, cazar y pescar
Diaguitas Sedentarios Prov. de Catamarca, La Rioja y San Juan A la agricultura y a la caza
Querandíes Nómades Prov. de Buenos Aires y Santa Fe A la caza
Comechingones Nómades Prov. de Córdoba y Santiago del Estero A recolectar, cultivar y cazar
Patagones Nómades Prov. de Río Negro, Chubut y Santa Cruz A cazar y recolectar
Onas Nómades Prov. de Tierra del Fuego A cazar


Los Yámanas
Cazar ballenas y lobos marinos, pescar y recoger mariscos eran las actividades más importantes de los yámanas. Estos pueblos cazadores y recolectores habitaban en el sur de la isla Grande de Tierra del Fuego y en las islas del archipiélago del Cabo de Hornos. Aunque eran muchos, vivían en pequeños grupos formados por unas pocas familias muy independientes. No tenían jefes ni caciques.
Los yámanas no se establecían en forma permanente en una isla. Eran nómadas: levantaban su campamento en una playa o cerca de un arroyo y se quedaban allí unos pocos días. Cuando los alimentos escaseaban, abandonaban las viviendas y se iban en sus canoas buscando aguas y playas donde hubiera buena caza y buena pesca.
Vivían en chozas muy sencillas
Las casas que construían los yámanas eran muy simples. Sus chozas tenían forma de cono o cúpula.
Para hacer una choza, primero construían un armazón con postes o ramas. Luego lo cubrían con hojas y ramas y finalmente, con cueros de lobos marinos.
La casa tenia una entrada pequeña que cubrían con un trozo de cuero para protegerse del frío. La parte superior de la choza se dejaba abierta. Por esa abertura salía el humo de las brasas que siempre ardían en el centro de la choza.
Hábitos
Los yámanas, para darse calor, dormían muy apretujados, uno sobre otro.
Los yámanas comían huevos duros de cormorán, pingüino, cauquén... También comían hongos y algunas raíces y tallos. Pero su alimentación era fundamentalmente de origen animal: carne asada y grasa derretida de lobos marinos, ballenas y delfines; peces, mejillones y otros moluscos.
Las mujeres preparaban pieles, confeccionaban ropa, hacían canastos, cocinaban y cuidaban a los chicos. También eran ellas las que construían las chozas.
Además de cazar en el mar, los hombres cazaban sobre tierra firme guanacos, pájaros, cormoranes, pingüinos... Para ello, fabricaban arcos, flechas, hondas y lazos.
A los niños varones les encantaba dejarse caer por las lomas.
Las canoas: un segundo hogar
Los yámanas pasaban gran parte del tiempo navegando por las aguas encrespadas de la región. Desde sus frágiles canoas, obtenían los alimentos fundamentales para su supervivencia.
Las canoas yámanas eran muy grandes (cinco metros de largo y un metro de ancho en su parte media) y livianas. Las hacían con la corteza del coíhue, un árbol de la región. Sólo utilizaban madera para la construcción del armazón.
Una tarea comunitaria: la caza de la ballena
Cuando los yámanas descubrían alguna ballena descansando en las aguas de un canal, se organizaban para atacarla. Varias familias se acercaban y desde las distintas canoas le arrojaban arpones que llovía sobre el animal. Si no lograba escapar, la ballena se desangraba y moría. Entre todos la llevaban hasta la playa más cercana. Entonces, tras tantas horas de esfuerzos, la alegría estallaba entre los cazadores porque cientos de kilos de grasa y carne les aseguraban una buena alimentación por muchos días.
Más hábitos:
Las mujeres remaban incansablemente. Tenían una gran habilidad para dirigir la canoa hacia los lugares que les señalaba el cazador.
Los niños sacaban el agua que se filtraba en la canoa y cuidaban que no se apagaran las brasas del fogón. El fuego no incendiaba la canoa porque se hacía sobre una plataforma de piedras.
Los hombres yámanas iban al acecho, parados en la proa de la embarcación. Para cazar y pescar usaban arpones de distinto tamaño que terminaban en una punta de hueso que podía tener forma de dientes, serruchos o ganchos.
Hombres, mujeres y niños usaban un taparrabos de cuero pequeño. Se cubrían con una capa que fabricaban con pieles de lobo marino, nutria de mar, guanaco o zorro. A veces, se calzaban con mocasines de piel.
Las mujeres recogían mejillones y otros mariscos. Para ello usaban unos largos palos que terminaban en forma de pinza. También pescaban con línea y carnada o con canastos.

Los Tehuelches
En la actual provincia de Santa Cruz y en toda la Patagonia vivían los tehuelches. Eran nómades. Viajaban mucho a pie, en pequeños grupos, a través de las mesetas patagónicas. Cuando empezaba el verano, llegaban a la cordillera, desde la costa. Acampaban allí porque había animales para cazar y agua para beber.
Cazaban sobre todo guanacos y ñandúes. Para cazar estos animales y otros de la zona, como pumas, huemules, peludos, maras, zorrinos y patos, utilizaban el arco y la flecha.
Vivían en tolderías
Los tehuelches acampaban en toldos muy simples que construían con armazones de madera cubiertos con cueros de guanaco. Vivían en grupos pequeños, formados por unas pocas familias. Cada uno de esos grupos tenía un jefe que los guiaba en la caza y en las mudanzas, pero que no podía dar órdenes. Los tehuelches eran muy independientes y no reconocían una autoridad mayor a la del padre de familia.
La mudanza
Hacia el fin del otoño, las mujeres tehuelches levantaban el campamento y cargaban, en sus bolsas, las herramientas y comida. Con los toldos a cuestas, junto a sus hombres y niños, se ponían otra vez en movimiento. Todos juntos, guiados por sus caciques, seguían a guanacos y ñandúes a través de territorios conocidos, en su viaje hacia la costa.
Hábitos
Para evitar que la lluvia se filtrara en los toldos, las mujeres impermeabilizaban los cueros con grasa.
Los hombres fabricaban arcos y flechas con punta de piedra, raspadores de piedra y otras herramientas.
Mujeres y hombres usaban taparrabos y se cubrían con unos mantos llamados quilangos que confeccionaban con piel de guanaco y decoraban con dibujos geométricos y colores muy llamativos. Calzaban sandalias de cuero y mocasines de piel.
Los tehuelches se alimentaban sobre todo con la carne (asada o hervida) de los animales que cazaban. También comían huevos de ñandú, calafates, frutillas, raíces y hongos que recogían en la zona.
Antes de usar los cueros de los guanacos para hacer toldos, vestimentas y muchas otras cosas, había que limpiarlos y acondicionarlos.

Los Guaraníes
Abrían claros entre los árboles para cultivar
En el actual territorio de la provincia de Misiones, habitaban, agrupados en aldeas, los guaraníes. El maíz era uno de sus alimentos más importantes. Con él hacían polenta, chipá, bebidas y hasta el rico pochoclo.
Los guaraníes habían aprendido a cultivarlo hacía ya mucho tiempo. Para poder hacerlo, primero tenían que abrir claros en el bosque ya que los árboles y la vegetación dificultaban la entrada de los rayos del sol y la llegada del agua de lluvia. Sólo después de tan pesados trabajos podían sembrar y cosechar.
Una vida sedentaria en pequeñas aldeas
Los guaraníes eran agricultores. Como producían sus propios alimentos no necesitaban mudarse de un lugar a otro. A diferencia de los yámanas y de los tehuelches, los guaraníes vivían en aldeas en forma bastante estable: eran sedentarios.
Las aldeas de los guaraníes estaban formadas por pocas casas (aproximadamente ocho) que eran grandes y se levantaban alrededor de una plaza. Esas edificaciones estaban rodeadas por un cerco y un foso que protegían a los aldeanos de los ataques de otros pueblos y de los temíbles yaguaretés.
Con jefes y hechiceros
En cada casa vivía una familia extensa formada por varias parejas y sus hijos, padres, abuelos y tíos. Las familias eran tan numerosas que en una misma casa vivían ¡cien o más parientes! Cada una era dirigida por un jefe que los comandaba en las guerras y cumplía la función de juez en las peleas familiares.
Entre estos jefes se elegía el tuvichá o jefe máximo de la aldea. El tuvichá era muy respetado pero no podía dar órdenes. Debía convencer a la gente de su pueblo por medio de la palabra. No se distinguía demasiado del resto del pueblo. Una de las pocas deferencias que lo distinguía era que podía tener varias mujeres.
Además de los jefes, entre los guaraníes se destacaban los payés. Eran médicos hechiceros que también tenían poderes para comunicarse con los dioses y los porás, unos duendecillos protectores de plantas y animales. Los payés trataban indigestiones, infecciones y fiebre con hierbas medicinales y ungüentos.
Hábitos
Para abrir claros en el bosque, primero había que talar los árboles y luego quemar las malezas. Después, abrían hoyos y en ellos sembraban las semillas.
Los guaraníes cultivaban maíz, zapallo, mandioca, batata, tabaco y algodón. También recolectaban frutos y plantas, como la yerba mate. Con ella preparaban nuestro conocido mate.
Las casonas tenían cincuenta metros de largo. Las paredes eran de madera y estaban revocadas con barro. No tenían ventanas. Los techos, altos y a dos aguas, estaban cubiertos por hojas de palmera o pasto. Se entraba por puertas construidas en sus extremos.
Las mujeres preparaban distintos tipos de comida. Con harina de maíz, hacían unos bollitos deliciosos y nutritivos: los chipás. En varias provincias del nordeste argentino y en el Paraguay se siguen haciendo chipás, como hace seiscientos años.
Los guaraníes hacían ollas, platos y tinajas con distintos materiales. Pero, en general, los recipientes eran canastos de diferentes formas confeccionados con tiras de cortezas.

Los Diaguitas
En el Noroeste, en las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja, habitaban los diaguitas. Eran muchos pueblos independientes que tenían costumbres muy parecidas y hablaban un mismo idioma: el kakán. Todos eran agricultores y el cultivo del maíz era fundamental para ellos. Producirlo, los exigía, como a los guaraníes, grandes trabajos.
Cultivaban en valles y montañas
Los diaguitas vivían en una zona de montaña, donde llueve poco y el agua es escasa. Para practicar la agricultura, debieron resolver problemas distintos de los que enfrentaban los guaraníes. Como no tenían superficies planas donde cultivar, construyeron grandes escalones o terrazas en las laderas de las montañas. También buscaron la forma de aprovechar bien el agua de lluvia o la de los manantiales de montaña: construyeron represas para almacenarla y un sistema de canales para guiarla hacia los campos de cultivo. Todos los hombres del pueblo debían colaborar para construir las terrazas de cultivo y los sistemas de irrigación. El jefe o cacique dirigía estos trabajos comunitarios.
Las aldeas diaguitas
Los diaguitas vivían en aldeas más grandes que las de los guaraníes. En ellas habitaban entre mil y tres mil personas. Las levantaban en los valles o en las laderas de las montañas. Como eran pueblos muy aguerridos, muchas aldeas estaban amuralladas.
Las aldeas tenían distintas formas. Las calles eran angostas y había plazas en las que se celebraban fiestas y ceremonias. También tenían depósitos donde guardaban semillas y alimentos para las épocas de escasez.
Casas de piedra o quincha
Las viviendas eran por lo general rectangulares y tenían varias habitaciones. Las paredes se construían con piedras irregulares, montadas y encajadas una sobre otra, sin mezcla que las uniera. Otros pueblos las construían con una mezcla de barro y paja llamada quincha. Los techos se hacían con tirantes de madera y se cubrían con ramas o con paja y barro.
Las familias de los caciques tenían casas más grandes y más sólidas que el resto del pueblo. Estaban ubicadas en los lugares más protegidos o cerca de donde se celebraban las ceremonias en honor de sus dioses: el Rayo y el Trueno.
Hábitos
Las terrazas de cultivo eran grandes escalones de tierra, sostenidos con paredes de piedra para evitar que se desmoronaran. Construirlas y mantenerlas en buen estado requería del trabajo de muchos hombres de la comunidad.
Los diaguitas cultivaban gran variedad de plantas a lo largo del año. En la época de siembra, los hombres abrían hoyos en la tierra utilizando palos cavadores.
Las mujeres echaban las semillas en los surcos. Luego, cuando las plantas maduraban, todos se ocupaban de realizar la cosecha.
No sólo cultivaban maíz. Plantaban, además, zapallos, papas, ajíes, porotos, maní y quinoa. Lo hacían en distintas épocas del año en terrenos situados a diferentes alturas. La papa y la quinoa, por ejemplo, crecen bien en zonas altas y frías.
También recolectaban frutos, semillas y raíces silvestres. Uno de los frutos que más apreciaban eran las vainas de algarrobo. Eran muy nutritivas. Con ellas fabricaban harina y una bebida alcohólica, llamada aloja. Cada pueblo tenía sus algarrobales y los cuidaba celosamente. Si otros pueblos se animaban a entrar sin permiso, podían pagar con su vida el atrevimiento.
Los diaguitas cazaban durante los meses en que no se podía cultivar. La carne de los animales que cazaban los servía para complementar una dieta fundamentalmente vegetariana.
Los diaguitas criaban llamas y alpacas. Con sus lanas confeccionaban vestimentas. La llama era, además, fundamental para el transporte de cargas.
Las mujeres cocinaban polenta, locro y guisos muy variados. Con el maíz también hacían pochoclo y una bebida alcohólica llamada chicha.
En sus telares, las mujeres tejían la lana de alpacas, llamas y vicuñas. Hacían túnicas y abrigadas mantas para cubrirse en los días de frío.
Los hombres fabricaban arcos, flechas y los instrumentos de labranza que utilizaban.

Los Guaycurúes
Habitaban la región del Chaco, que abarca las actuales provincias de Formosa, este de Salta, norte de Santiago del Estero y Santa Fe. Este pueblo estaba formado por cuatro grupos más pequeños: los tobas, a lo largo de los ríos Pilcomayo y Bermejo; los pilagaes, que vivían en el centro de la actual Formosa; los mocovíes, ubicados al sur, entre los ríos Bermejo y Salado; y los abipones, hacia la desembocadura del Bermejo. Eran pueblos nómades, cazadores y pescadores.
Los guaycurúes se dividían en pequeños grupos que se trasladaban, según las épocas del año, en busca de lugares propicios para cazar, pescar y recolectar plantas silvestres. Si bien se movilizaban todo el tiempo, volvían siempre a su territorio, que delimitaban con señales propias. De esta manera cuidaban de que no se agotaran los recursos.

Los Pampas
La región pampeana estuvo poblada desde hace muchísimo tiempo. Los guaraníes llamaron querandíes a sus primeros habitantes. Más adelante, criollos y españoles llamaron pampas tanto a los querandíes como a algunos otros indios que se establecieron allí. Eran cazadores y pescadores, y se desplazaban para buscar sus alimentos. A mediados del siglo XVI comenzaron a domar los caballos que había dejado la expedición de Pedro de Mendoza, y se convirtieron en excelentes jinetes.

Los Calchaquíes
Pueblo amerindio que habitaba en la región noroeste argentina de los valles de Yocavil y Calchaquí, en la provincia de Salta, y partes adyacentes de Tucumán y Catamarca.
La expansión incaica afectó a este grupo de lengua kakana, cuya economía estaba basada en la agricultura de andenería e irrigación artificial de productos como el maíz, la quinoa y la papa, entre otros. Sus poblados, construidos en lugares elevados, están formados por viviendas rectangulares hechas de piedra o tapial, a veces con recintos fortificados generalmente realizados durante el dominio incaico. Poseían una industria en la que destacaba la producción textil, la cerámica, la cestería y la metalurgia, esta última aportada por la cultura inca. Su organización política tribal llegaba hasta la confederación al mando de un solo general, revestido con poder terrenal y divino.


Los Incas
En otras partes del continente americano había muchísimos pueblos con modos de vida muy parecidos a los de los indígenas que habitaban en nuestro actual territorio. Había grupos nómadas y cazadores-recolectores como los yámanas y los tehuelches y pueblos agricultores, que como los diaguitas y los guaraníes, vivían en aldeas. Pero también había un pueblo, el de los incas, que tenía una sociedad más compleja y vivía en ciudades.
Hace algo más de quinientos años, los incas conquistaron muchos pueblos y organizaron un poderoso imperio. Lo llamaron el Tahuantinsuyu o “Estado de las cuatro regiones”. Cuzco era su ciudad capital.
Cuzco: gran ciudad imperial
Cuzco estaba ubicada en el valle del mismo nombre, en el actual territorio de Perú. Era una gran ciudad, sus calles eran rectas y las manzanas parejas. Estaba habitada por más de cien mil personas.
En el Cuzco estaba el templo más importante de todo el Tahuantinsuyu: el Templo del Sol o Coricancha. Era un hermoso edificio de piedra, adornado con placas de oro, que ocupaba el centro de la ciudad. Allí estaban los santuarios del dios Sol y de otros dioses de menor importancia.
En los alrededores del templo había palacios y mansiones pertenecientes a la gente más poderosa del imperio: el Inca o emperador y la nobleza que estaba formada por los altos funcionarios, los sacerdotes, los militares y sus respectivas familias. Alrededor de las casas más distinguidas, estaban los barrios de los “mitimaes”, trabajadores que procedían de distintos lugares del imperio y que se ocupaban del mantenimiento de la ciudad.
Los trabajos para el Inca
Desde el Cuzco se organizaban los trabajos de casi seis millones de campesinos.
Las poblaciones dominadas estaban obligadas a cultivar sus tierras y las que, en cada pueblo, estaban reservadas para el Inca. Los productos que los habitantes obtenían de sus tierras se destinaban a la alimentación del pueblo. Los que se cosechaba en las tierras del Inca debía ser entregado a las autoridades del imperio como tributo o impuesto exigido por él.
Además, cada tanto, los hombres de los pueblos debían abandonar sus aldeas por un tiempo para construir caminos, templos, puentes y terrazas de cultivo o trabajar en las minas de oro, plata y cobre. A este servicio que cumplían para el Inca, se lo llamaba mita.
Necesitaron una gran organización
Para asegurar la realización de todos estos trabajos, el imperio incaico contaba con una muy buena organización. La autoridad máxima era el Inca, considerado “Hijo del Sol”. Tenía un poder absoluto, era dueño de las tierras, de los hombres y de los animales. Para hacer cumplir sus órdenes, nombraba a un gobernador por cada región o provincia. Ellos eran los jefes o curacas de las poblaciones dominadas o aliadas hicieran tributar, cumplir con la mita y con el servicio militar a los hombres de sus pueblos. En el caso de que algún pueblo se rebelara, el Inca contaba con un poderoso ejército para controlarlo.
Los productos que los pueblos tributaban al Inca eran almacenados en depósitos llamados colcas. Estos alimentos se utilizaban para alimentar a los trabajadores que servían en la mita y a los mensajeros del imperio, entre otros. También eran utilizados por el Estado incaico para socorrer a los pueblos que sufrían escasez de alimentos.
Hábitos
El imperio incaico se extendía por toda la región andina, desde el Ecuador hasta la provincia de Mendoza y el centro de Chile. Los diaguitas y otros pueblos asentados en el actual territorio argentino fueron conquistados por los incas.
El imperio estaba comunicado por extensos caminos de piedra, “los caminos del Inca”, que unían el Cuzco con las distintas regiones.
Los incas aceptaban los dioses de las poblaciones dominadas. Pero por encima de fuente de vida y lo representaban así. Gracias a él crecían los hombres, los animales, el maíz y las demás plantas. Todos los años se celebraban en el Coricancha grandes fiestas en su honor. Asistían los jefes de todos los pueblos dominados.
En la parte norte del Cuzco estaba la fortaleza de Sacsahuamán, protegida por varias líneas de murallas.
Como los diaguitas, la mayor parte de los pueblos conquistados por los incas cultivaban sobre las laderas de las montañas. Construían terrazas de cultivo que irrigaban con un sistema de diques y canales.
Los incas no tenían escritura. Pero contaban con un sistema de contabilidad muy ingenioso que les permitía saber cuántos eran, qué cantidad de alimentos tenían en los depósitos y muchas cosas más. Para ello, utilizaban los quipus que pueden ver en la fotografía. Los quipus estaban formados por largos cordones de los que colgaban cuerdas con nudos de colores. Servían para representar ideas, objetos y cantidades. Los funcionarios que se encargaban de estas tareas contables se llamaban quipucamayoc.
El Inca era consideradoun dios. Esa situación tenía sus ventajas: recibía tributos y honores; nadie lo podía tocar, vestía ropas muy finas y comía en vajilla de plata. También los miembros de la nobleza incaica se distinguían de los campesinos: vivían en mansiones, usaban ropa de lana de vicuña y unos aros de oro tan pesados que les alargaban las orejas.
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